El lunes pasado fue feriado bancario en Estados Unidos. El viernes anterior, por la mañana, nos habían enviado un SWIFT desde Suiza: no al cierre, no de afán, con horas de sobra en el día hábil. Pasó el fin de semana, llegó el lunes feriado y el banco corresponsal tampoco procesó la transacción. El giro entró el martes a las 3 de la tarde, cuando el mercado cambiario en Colombia ya había cerrado por el día. Me tocó esperar a que abriera el miércoles, y el miércoles abrió a la baja, cerca de 3.100, lejos de los 3.150 del viernes anterior.

Nuestra contraparte no tuvo nada que ver, y el giro tampoco salió tarde. Así funciona el sistema: un feriado en un país que no tiene nada que ver con la transacción congela dos cosas a la vez, cuándo llega el dinero y a qué tasa se convierte, sin importar a qué hora del día hábil se envió. En casi todos los blogs del sector el argumento es el mismo: la banca corresponsal es lenta y las stablecoins son el futuro. Es cierto, pero ya dejó de ser interesante.

Lo que de verdad pesa no es cuánto tarda el pago, sino qué le pasa a la empresa mientras espera. Puede terminar cargando una posición cambiaria que nadie asumió explícitamente y que nadie está midiendo. Y eso, en 2026, le ocurre a cualquier tesorería que dependa solo de la banca corresponsal para sus pagos en dólares hacia o desde Colombia con más frecuencia de la que cualquiera querría admitir.

Hagamos la cuenta

En 2026, la Reserva Federal de Estados Unidos reconoce 11 días festivos bancarios. Colombia tiene 18, fijados por la Ley 51 de 1983, la Ley Emiliani. De esos 11 feriados estadounidenses, solo tres coinciden con un feriado colombiano: Año Nuevo, Día de la Raza y Navidad. Ahí no hay problema, porque los dos países ya están cerrados. El 4 de julio tampoco cuenta: en 2026 cae sábado y, además, la Reserva mantiene sus bancos operativos abiertos el viernes anterior.

Quedan siete: Martin Luther King, el cumpleaños de Washington, Memorial Day, Juneteenth, Labor Day, Veterans Day y Thanksgiving. En esos siete días Colombia suele operar normal, mientras el tramo en dólares del pago se puede congelar simplemente porque en Washington es feriado.

Y falta el detalle que lo empeora: cinco de esos siete caen en lunes o viernes, pegados a un fin de semana. Cuando eso pasa, el congelamiento no dura un día, dura tres. Es justo lo que me acaba de pasar. SWIFT enviado el viernes, fin de semana de por medio, feriado el lunes: cuatro días completos entre el envío y la liquidación. Si sumo los cinco feriados de tres días y los otros dos, que valen un día cada uno, el total llega a 17 días calendario al año en los que el tramo en dólares de un pago hacia o desde Colombia puede quedar congelado solo por el calendario de Estados Unidos. Cualquier tesorería puede repetir el cálculo para su propio corredor.

Lo que cuesta un feriado en un corredor con moneda local

En un corredor dolarizado, como El Salvador o Panamá, el feriado cuesta solo tiempo: el dinero llega tarde, pero llega en la misma moneda en la que salió. En un corredor con moneda local, como Colombia o Bolivia, cuesta algo más.

Y no necesito un ejemplo hipotético, porque lo acabo de vivir. El giro entró el martes en la tarde, ya con el mercado cambiario cerrado, así que la tasa que importaba no era la del martes sino la del miércoles, cuando el mercado volvió a abrir. Sobre los USD 150.000 que me enviaron desde Suiza, entre la TRM del viernes (cerca de 3.150) y la del miércoles en la mañana (cerca de 3.100) hay más de COP 7 millones de diferencia. Nadie decidió arriesgar esa plata y nadie la cubrió, pero ahí quedó, igual que queda en el balance de cualquier empresa que dependa de la banca corresponsal para liquidar en pesos.

Esa incertidumbre no aparece en ningún informe de riesgo, porque nadie decidió tomarla: se la impuso un feriado de un país que ni siquiera es parte de la transacción.

No es un tema de tecnología, es de gobierno de riesgo

Vale la pena preguntarse qué parte de la exposición cambiaria de una empresa nace sin que tesorería haya decidido conscientemente tomarla. Si un tesorero llegara a su comité de riesgo con una posición cambiaria abierta, sin tamaño definido, sin fecha de cierre, y explicara que la tomaron porque en Washington era feriado, nadie se la aprobaría. Y es justo lo que puede pasar, en silencio, hasta siete veces al año, y hasta 17 días calendario en total, en cualquier empresa que dependa solo de la banca corresponsal para pagar en dólares hacia o desde Colombia.

Nadie lo llama así porque nadie lo mide. En el sector decimos “el pago está en tránsito”, como si fuera apenas cuestión de tiempo, cuando en realidad hay una exposición cambiaria sin gestionar. Si apareciera en el balance con su nombre real, alguien tendría que explicarla en el comité de auditoría. Mientras siga apareciendo como “pago en tránsito”, ¿quién se va a atrever a preguntar?

Cerrar esa brecha no pasa por resolver las dos casuísticas por separado, sino por resolverlas al mismo tiempo: liquidar sin depender del calendario bancario de un tercer país, y fijar la tasa de conversión en el momento de ejecutar el pago, en lugar de dejarla al momento, siempre incierto, en que el corresponsal decide soltar el giro.

Tres preguntas para su próximo pago “en tránsito”

La próxima vez que un pago suyo quede “en tránsito”, hágale tres preguntas a su equipo: cuántos de esos días son por el calendario de un país ajeno a la transacción, cuántos se pegan a un fin de semana, y a qué tasa se va a liquidar cuando finalmente llegue. Si nadie responde las tres con precisión, o si nadie tiene siquiera cómo calcularlas, ya encontró el primer punto ciego de su tesorería.

Gabriel Ramírez es CFO de efy Technologies. Escribe esto porque el viernes pasado le enviaron un SWIFT desde Suiza que llegó cuatro días después y ya con el mercado cambiario cerrado, así que tuvo que monetizarlo al día siguiente, a una tasa peor de la que esperaba.