Hoy podemos pagar una compra, enviar dinero a un familiar o recibir una transferencia en cuestión de segundos. Algo que hace algunos años parecía una innovación importante empieza a convertirse en parte de nuestra vida cotidiana. Y detrás de este cambio, América Latina tiene experiencias que vale la pena destacar.

México fue uno de los pioneros con SPEI, que comenzó a operar en 2004 y que durante 2025 procesó más de 7.400 millones de transferencias. Brasil dio un paso significativo con el lanzamiento de Pix en 2020, un sistema que ya ha sido utilizado por más de 170 millones de personas y que transformó la manera de realizar pagos cotidianos.

Colombia también avanza en esta dirección. Bre-B, que cumplió su primer año en octubre de 2026, superó los 1.700 millones de transferencias, de las cuales el 62 % correspondió a operaciones inferiores a 50.000 pesos. Un dato especialmente interesante porque demuestra cómo los pagos inmediatos están encontrando su espacio en las actividades más habituales de las personas.

Aunque SPEI, Pix y Bre-B tienen trayectorias distintas, comparten un propósito: facilitar que el dinero llegue a su destino de manera rápida y sencilla, sin depender de los horarios tradicionales.

Más que rapidez

Desde mi perspectiva, el impacto más importante de esta evolución no está únicamente en reducir los tiempos de una transferencia. Está en la posibilidad de que las personas dispongan de su dinero cuando realmente lo necesitan y que los pequeños negocios puedan recibir sus pagos sin esperas innecesarias.

Por supuesto, todavía existen desafíos. La seguridad, la confianza, la educación financiera y el acceso a herramientas digitales siguen siendo fundamentales para que estos avances lleguen a más personas. La rapidez es importante, pero debe ir acompañada de una experiencia confiable y accesible.

El siguiente reto

Veo con optimismo el camino que está recorriendo América Latina. SPEI, Pix y Bre-B demuestran que nuestra región tiene la capacidad de impulsar transformaciones significativas cuando la tecnología responde a necesidades reales.

El siguiente reto ya no consiste solamente en lograr que el dinero se mueva en segundos, sino en conseguir que esa facilidad se traduzca en más oportunidades para las personas, los comercios y las economías de nuestra región.